La carga emocional de las expectativas

Salud Conductual

La carga emocional de las expectativas

Para el ser humano, tener expectativas es parte de su proceso evolutivo pues, en ocasiones, el deseo de alcanzar una meta se convierte en el motor que le impulsa a trabajar duro por aquello que anhela.

Eso ocurre en las distintas etapas de la vida pues, abarca perspectivas de toda índole, entre estas, académicas, profesionales, personales, familiares, de pareja, en fin, todo lo que conlleve fijar una aspiración y tratar de cumplirla.

 

No obstante, cuando esa expectativa se convierte en algo obsesivo que afecta la tranquilidad y las emociones del individuo, es necesario detenerse, reflexionar y buscar ayuda de un profesional en la salud mental.

 

De acuerdo con la sicóloga clínica Rocío Zayas, del Centro de Salud Conductual San Lucas, “las expectativas se definen por estas creencias, ideas y pensamientos que generamos por diversos factores, desde cómo nos educamos, qué esperan de nosotros y las relaciones que tenemos con los demás”.

 

“Cuando nosotros desarrollamos expectativas que nos impulsan a lograr ciertas metas pues, es positivo. Es algo normal que tengamos expectativas porque vivimos en un mundo donde, desde pequeños, esperan ciertas cosas de nosotros y vamos creando expectativas de lo que esperamos de nosotros y de lo que podemos lograr”, explicó.

 

Sin embargo, según Zayas, “hay un factor importante y es que, las expectativas, si no sabemos cómo manejarlas pueden dejar de ser positivas”.

 

“Cuando creamos una expectativa en donde ese fin es totalmente irreal y está fuera de nuestra realidad de lo que puede ser alcanzable, esa expectativa nos va a causar unas emociones totalmente negativas en nuestra vida, entre estas, ansiedad”, advirtió.

 

Asimismo, destacó que, “en términos de emociones, generalmente si tenía unas expectativas altas, me va a generar ansiedad porque voy a intentar e intentar llegar a algo que es totalmente irreal, que es inalcanzable”.

 

“Tenemos que crear esta reflexión de qué es real, qué es lo lógico que yo pueda identificar como una expectativa saludable”, resaltó.

 

Mencionó a los niños y jóvenes como las poblaciones que más se afectan con el nivel de expectativas, sobre todo, con el uso de las redes sociales y su falsa concepción de que todo debe ser “perfecto”.

 

“Es un aspecto bien importante de que, nosotros creemos jóvenes y niños saludables, en donde puedan confiar y tener esa certeza de lo que valen como persona, de generar niños seguros. Esto independientemente de lo que se espera socialmente de ese joven o de ese niño; qué valores le voy a llevar a ese niño desde muy pequeño que les pueda generar seguridad en su vida para que, cuando sean adultos se puedan poner expectativas reales, sin necesariamente estar considerando lo que los demás están esperando de mí”, apuntó.

 

“Tenemos que estar bien pendientes a las señales que nos dan nuestros niños y jóvenes. Sobre esto, el nivel de frustración, cómo ese niño o joven maneja el coraje. No es lo mismo decir: ‘No me dieron tantos ‘likes’; no hay ningún problema’. Es distinto a si ese niño o joven se frustra, se encierra o llore”, agregó.

 

Igualmente, señaló que, “la confianza que pueda tener (un menor) en sí mismo es importante para que, cuando se enfrente a la crítica, a lo que los demás esperan, al rechazo que puede haber, lo pueda tomar de una manera correcta”.

 

“En la búsqueda de ayuda, existen muchos profesionales que le pueden brindar un poco de guía en el proceso y cómo manejar la realidad que estamos viviendo dentro de las capacidades de ese niño o de ese joven sin frustrarlo en el proceso y tampoco sin quitarle la independencia y su esencia”, manifestó.

 

De otra parte, la sicóloga clínica estableció la comunicación como “un factor bien importante que, a veces ignoramos, y es que las expectativas dependen mucho del proceso de comunicación”.

 

“Cuando yo comunico qué es lo que espero del otro, entonces, tiendo a no frustrarme o decepcionarme tanto porque ya dije lo que esperaba. En muchas ocasiones esperamos, pero no comunicamos. A veces, asumimos cuál es la respuesta que debe tener la otra persona, pero ¿en algún momento se lo comuniqué? Nos pasa todo el tiempo”, expuso.

 

Finalmente, instó a reflexionar sobre “si lo que esperan de mí, me hace feliz”.

 

“Si eso que esperan de mí no es lo que me hace feliz, hay que tomar en cuenta desarrollar una nueva expectativa que tal vez cumpla con lo que esperan de mí, pero que también me haga feliz”, concluyó.

Kimberly Ann Torres Toro